NOTICIAS: 30 de diciembre de 2025
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Atila Sinke Guimarães
CÓMO EL CONCILIO VATICANO II PODRÍA HABER SIDO DETENIDO – Puesto que este pasado 8 de diciembre se cumplió el 60o aniversario del cierre del Concilio Vaticano II en 1965, se están publicando muchos comentarios. Aprovechando esta tendencia, haré aquí mi propio comentario.

El Prof. Plinio Corrêa de Oliveira fue el líder brasileño de un trío que había trabajado unido durante décadas combatiendo la Revolución en la Iglesia y en el Estado. Los otros dos eran el Arzobispo Geraldo de Proença Sigaud y el Obispo Antonio de Castro Mayer. Cuando los dos Prelados eran jóvenes sacerdotes, estuvieron destinados en São Paulo y conocieron al joven Dr. Plinio, a quien reconocieron como especialmente dotado para liderarlos en esa lucha.

Durante más de dos décadas, de esta colaboración surgieron muchas obras emblemáticas, como ya he señalado en otros lugares (aquí y aquí).

Los cardenales Suenens, Döpfner y Lercaro fueron elegidos Moderadores del Vaticano II para imponer la agenda progresista

Cuando Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II, los tres viajaron juntos a Roma en octubre de 1962. El Prof. Plinio llevó consigo una delegación de unos 20 hombres para asistir en la acción que tenían planeada sobre el Concilio. En efecto, fueron estos auxiliares quienes recogieron las firmas para las dos grandes peticiones al Papa y al Concilio realizadas por los Padres conciliares: a saber, la petición para condenar el Comunismo (334 Prelados) y otra para consagrar el mundo conforme a la petición de Nuestra Señora de Fátima (510 Prelados). Estas dos peticiones hechas en 1962 fueron iniciativa del Prof. Plinio. El Concilio terminó y ni Juan XXIII ni Pablo VI atendieron dichas peticiones.

A medida que transcurrían los dos meses de la Primera Sesión del Vaticano II, el Prof. Plinio se dio cuenta de que el progresismo había usurpado el Concilio y ocupaba cargos importantes que decidirían su rumbo. En efecto, tres de los cuatro Moderadores que controlaban las discusiones eran progresistas: los cardenales Suenens, Döpfner y Lercaro.

Además, muchos exponentes de la Nouvelle Théologie (Nueva Teología) fueron colocados en las comisiones encargadas de preparar los documentos finales: Congar, Rahner, Schillebeecks, de Lubac, Chenu, entre muchos otros.

Asimismo, episcopados progresistas, como el alemán, que controlaban poderosas organizaciones caritativas como Caritas, Adveniat y otras, ejercían una fuerte presión sobre los obispos de países misioneros para que votaran conforme a su agenda. Si estos obispos no votaban como se les indicaba, los alemanes cortarían las ayudas económicas. Para tener una idea de la eficacia de esta táctica, considérese que solo Brasil, que entraba en esta categoría de país misionero, tenía más de 300 obispos en el Concilio y un gran número de ellos dependía de las ayudas de esas organizaciones caritativas alemanas.

Entonces, el Prof. Plinio propuso a los dos Prelados, el Arzobispo Sigaud y el Obispo Mayer, que rechazaran públicamente esta influencia progresista y declararan en la reunión final de la Primera Sesión que no regresarían a otras sesiones porque el enemigo —el progresismo— se había apoderado de esa asamblea. Este rechazo público estaría respaldado por sólidos argumentos y documentos que demostrarían que lo que se planeaba implantar en la Iglesia había sido condenado por el Magisterio anterior y, por tanto, no podía ser aceptado.

Si los dos Prelados hubieran tomado esta postura, la prensa habría estado allí para filmar y fotografiar todo. Luego, un comunicado de prensa habría sido difundido por todo el mundo por ese grupo de laicos que acompañaba al Dr. Plinio. El gran impacto que esto habría causado, muy probablemente, habría detenido el Concilio.

Lamentablemente, los dos Obispos sintieron temor de la Asamblea y del Papa, y no hicieron esta declaración pública.

Lo que describo aquí como discípulo del Prof. Plinio, a quien conocí durante más de 30 años, ahora cuenta con pruebas que lo documentan.

En primer plano, el Prof. Plinio con los abogados Carlos Alberto Soares Corrêa y Pedro Paulo Figueiredo

Tres de aquellos eruditos y cultos laicos que fueron a Roma con el Prof. Plinio permanecieron allí hasta el final del Concilio para asistir a los dos Prelados y seguir los acontecimientos. Estaban tan cerca de los dos Prelados que habitualmente compartían las comidas con ellos.

Después de que el Concilio se cerró, dos de ellos redactaron una declaración, que reproduzco a continuación. Este documento permaneció desconocido hasta este mes de diciembre de 2025, cuando falleció el último de los dos firmantes. La persona que conservaba ese documento hizo pública una copia en un foro de debate en internet, y un amigo me la envió.

El documento fue protocolizado ante notario en Brasil, lo que tiene en ese país una fuerza mucho mayor que en los Estados Unidos. Allí equivale a una declaración jurada bajo pena de perjurio, lo que significa que es una declaración escrita de hechos en la que el firmante atestigua su veracidad, reconociendo que puede ser procesado por perjurio si miente deliberadamente.

En su Punto 1, que es con mucho el más importante, los firmantes declararon que el Obispo Castro Mayer reconoció que, de haber escuchado la sugerencia del Prof. Plinio mencionada arriba, el Concilio no se habría convertido en la tragedia que fue.

En su Punto 2, relativo a la aprobación de la Declaración Dignitatis Humanae sobre la Libertad Religiosa, los firmantes mencionaron la indecisión de Mons. Lefèbvre causada por el miedo, de la cual fueron testigos. Mons. Lefèbvre era un visitante asiduo de la residencia del Arzobispo Sigaud, cerca del Vaticano, y también conocía a estos dos abogados.

Durante el Concilio, una comida del Coetus Internationalis Patrum – flechas rojas en sentido horario desde la izquierda: el abogado Carlos Alberto Soares Corrêa, el Obispo Antonio de Castro Mayer, el Arzobispo Marcel Lefèbvre y el Arzobispo Geraldo Proença Sigaud

Para comprender bien este Punto 2 en la secuencia correcta de fechas, ofrezco esta cronología de la aprobación de Dignitatis Humanae:
  1. El documento comenzó a debatirse el 14 de octubre de 1965;

  2. El 18 de noviembre, el Coetus Internationalis Patrum, que reunía a los obispos conservadores del Concilio, emitió una carta recomendándoles votar “no.”

  3. El 19 de noviembre tuvo lugar una votación prefinal en la que 1.954 votos fueron a favor, 249 en contra y 13 nulos.

  4. El 7 de diciembre de 1965, Dignitatis Humanae recibió la aprobación final en una sesión solemne: obtuvo 2.308 votos a favor, 70 en contra y 8 nulos.

  5. Posteriormente, Pablo VI pidió/ordenó a todos los obispos del Concilio que firmaran todos los documentos finales del Concilio; lo que, de hecho, todos los obispos hicieron.
Así, cuando los dos testigos mencionaron que recibieron a Mons. Lefèbvre en la residencia del Arzobispo Sigaud “algunos días antes”, la fecha precisa de esa visita debería ser el 6 de diciembre de 1965, el día que precedió a la votación solemne final sobre Dignitatis Humanae.

Como podemos ver (letra D), hubo 70 obispos que votaron en contra el 7 de diciembre, incluido Mons. Lefèbvre. No obstante, todos esos obispos, incluido Mons. Lefèbvre, posteriormente firmaron todos los documentos en respuesta a la petición/orden de Pablo VI.

Lo que el documento revela es la inestabilidad y vacilación de la voluntad de Mons. Lefèbvre, lo cual no es una sorpresa, sino más bien una confirmación de lo que ya he analizado anteriormente.

Una observación paralela: dada la carta del Coetus indicando a sus miembros que votaran “no”, queda claro que cuando los firmantes de la declaración —los abogados Figueiredo y Soares Corrêa— presionaron al arzobispo francés para que votara “no”, simplemente estaban haciéndose eco de esa recomendación general hecha por el Coetus a todos los obispos conservadores (letra B).

Finalmente, ¿por qué esos abogados escribieron el documento en 1989 y no antes o después? Creo que se vieron movidos a hacerlo por la ruptura del Obispo Mayer con el Prof. Plinio y su unión con Mons. Lefèbvre, que se hizo pública en 1988 cuando ambos consagraron a cuatro obispos en Écone contra la voluntad expresa de Juan Pablo II, colocándose en una situación de cisma.

Si aquellos dos Prelados brasileños hubieran seguido la sugerencia del Prof. Plinio, no habría habido una crisis del Vaticano II que llevara a uno de ellos al cisma...

DECLARACIÓN

Los abajo firmantes Pedro Paulo Figueiredo y Carlos Alberto Soares Corrêa, brasileños, solteros, abogados con las respectivas cédulas de identidad RG 6.083.259/SP y 6.072.516/SP, declaran lo siguiente:

1. Estando en Roma en diciembre de 1965, algunos días antes de la Santa Navidad, fuimos invitados por Su Excelencia el Obispo Antonio de Castro Mayer, entonces Obispo de Campos, a viajar a la ciudad de Asís. El Sr. Henrique Barbosa Chaves, que en ese momento era colaborador de la TFP brasileña, también fue invitado. Antes de partir hacia Asís, almorzamos en un restaurante en la carretera de salida de Roma hacia esa ciudad histórica.

Al final del almuerzo, el Sr. Henrique Barbosa Chaves dijo al Obispo Mayer: “Excelencia, el Concilio ha terminado. ¡Qué tragedia fue este Concilio para la Iglesia!” Y el Obispo Mayer, con un tono muy serio, respondió: “Y la culpa recae en el Arzobispo Sigaud y en mí, que no quisimos escuchar al Dr. Plinio.

2. Algunos días antes de este hecho, estando nosotros en la sede alquilada por el Arzobispo Sigaud en la Vila Alessandro III, muy cerca del Vaticano, llegó el arzobispo francés Marcel Lefèbvre. La sede estaba siendo cerrada y nos preparábamos para regresar a la Embajada de Brasil, donde nos habíamos alojado durante el Concilio. Mons. Lefèbvre nos dijo: “Mañana tendrá lugar la votación del esquema sobre la ‘libertad religiosa’. Votaré ‘sí’, porque no quiero ponerme en contra de Pablo VI.”

Le mostramos que era necesario votar “no”, y que ciertamente sería un pecado mortal votar “sí”. Él nos respondió: “Para votar ‘no’ es necesario ponerse en contra de Pablo VI, y ustedes no saben lo terrible que es ponerse en contra del Papa y decir ‘no’.”

Insistimos ante el arzobispo en que sería un pecado mortal no votar “no”. Él estuvo de acuerdo y prometió votar en contra del esquema sobre la libertad religiosa, lo cual efectivamente hizo al día siguiente.

São Paulo, 12 de octubre de 1989
Pedro Paulo Figueiredo
Carlos Alberto Soares Corrêa
Certificado por notario el 26 de octubre de 1989


Para ver la copia del documento original en portugués haga clic aquí

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